domingo, 11 de septiembre de 2011

La puta asma !!!


Se acercaba la noche y tambiên el espanto. Me despertarîa la falta de aire en los pulmones, las convulsiones por la alteraciôn del ritmo respiratorio, y otra vez a bancarse el resto de la noche sentado -ûnica posiciôn tolerable- y el esfuerzo de poner la atenciôn en la mañana siguiente...cuando lo logrê todo anduvo mejor.


Resulta que tenîa que hacer mi discurso de inauguraciôn de las olimpîadas intercolegiales que por primera vez no organizaba ninguna autoridad pûblica, sino un centro de estudiantes...el de mi colegio. La joda es que yo era el Secretario General de la directiva y el hablador oficial. No habîa escrito nada pero tenîa ideas dando vuelta en la cabeza.


A las 6 de la mañana me levantê, me dî una ducha y me preparê para salir. Mi madre me miraba con preocupaciôn: -¿como estâs?...-bien !!...-pero anoche casi no dormiste... -si pero ya se me pasô. Le di un beso y me fui en mi bicicleta al boliche de Av. Roca y Buenos Aires. Allî escribî de corrido mi discurso mientras el mozo me traîa un enorme tazôn de cafê...en esa êpoca no sabîa que habîa broncodilatadores y menos en spray...solo cafê fuerte y un par de cafias. Volaba ya.


Cuando lleguê ya estaban todos mis compadres de la directiva del centro ansiosos, porque si yo no aparecîa alguno de ellos iba a tener que improvisar. Por eso estaban encantadores, y hasta se ofrecieron a colgar mi bicicleta en los ganchos para que yo me concentrara en el discurso.


Uno o dos al menos, ni con el empuje de una bayoneta se hubieran puesto delante de los 600 y pico de alumnos mas autoridades del colegio y de la Universidad, porque el mîo era un  colegio universitario...y no es cosa de todos los dîas tener a un Decano y al mismîsimo Rector ahî, escuchândolo a uno con sus 16 años a cuestas y el asma de la noche anterior, que quedaba como mi gran secreto...un asmâtico es un enfermo, alguien a quien se le tiene compasiôn y no se le reconoce liderazgo. Y yo ya era un dirigente, no solo dentro del colegio sino entre todos los colegios secundarios...imaginate: Vice Presidente de la federaciôn que nucleaba a todos los estudiantes secundarios. Un asmâtico no podia serlo...despuês llegô el Che y el asma se convirtiô en un sîmbolo...ya estaba legalizado como asmâtico entonces.


Vino la formaciôn, dijo unas palabras el Director del colegio y luego otras el Rector y tras cartôn me invitaron a que declare inauguradas las olimpîadas intercolegiales organizadas por nuestro centro de estudiantes, el CEIT.


Habîa pseudo chovinismo en los rostros del Director, del Decano, del Rector y de todos nosotros...êramos lo mâximo en materia de organizaciôn y planificaciôn. Asî nos manijeâbamos cuando estâbamos solos los estudiantes de la directiva, claro.


Volviendo al acto, dije lo que habîa escrito (y que habîa revisado cuidadosamente el Director...) pero se me ocurriô que faltaban decir otras cuestiones, y ahî nomâs improvisê con vehemencia, con un fervor que no tuve mientras leîa...y en ese momento aprendî la diferencia entre exponer ideas y proclamar los sueños desde el corazôn, aquellos que a veces uno no se atreve siquiera a imaginar concientemente, racionalmente, pero que se van forjando en esa fragua que forman las neuronas interconectândose e ingresando datos a mil mientras uno no se da cuenta que los estâ viviendo y mezclando en la memoria, en el esplendor de la primavera de esos años, aunque ocurra en el mes de mayo...


Tuve una ovaciôn, una de las pocas aunque fue la primera, y el abrazo del Rector, que habîa sido alumno de mi colegio y miembro fundador del centro de estudiantes del que yo me creîa conductor...


El Director tambiên me abrazô aunque me dijo un "despuês hablamos" que despertô mis alertas. No fue nada serio, se sintiô molesto por enterarse delante de los demâs lo que se suponîa que êl conocîa de antemano. Tuve esa suerte que no tienen todos los que pasan por un colegio: tener autoridades y profesores calificados, tolerantes, de criterio amplio y respetuosos de lo que pensaba cada uno. Tambiên eran exigentes pero con todos: no habîa persecusiôn a travês de la cursada. Hablo del Instituto Têcnico de la Universidad Nacional de Tucumân. Evocando y comparando con lo de hoy -no se como estarâ ahora el IT- compruebo que fuimos una generaciôn muy incluîda, para hablar en têrminos actuales.


¿La olimpîada? Terminô muy bien, ganamos un montôn de copas y medallas, pero respetamos a todos los participantes.,..nos tomamos en serio que êramos la direcciôn del evento. Recibimos felicitaciones de las autoridades de todos los colegios participantes. No cabîamos dentro de la ropa...


Encima, el Rector me entregô el primer libro de actas del CEIT que databa de 1930 o 30 y pico, no me acuerdo...Porque en medio de esos tiempos hubo perîodos de noche y niebla tambiên y no se admitîa a estudiantes organizados. A nadie organizado mas bien, salvo las comparsas del rêgimen.


¿De cual rêgimen?...hay para elegir. Podemos tomar a partir del asesinato de Mariano Moreno o de la muerte en prisiôn de Castelli, o del golpe de 1930 que voltea a Yrigoyen. Ya sabemos que eso no termina ahî, que tenemos la Dêcada Infame, la Liga Patriôtica, el 45, la irrupciôn de las masas y tambiên el 55 de los fusiladores. En el medio los 10 años de Perôn que han dejado su huella, sus luces y sus sombras como en los demâs momentos de participaciôn popular...salvo el aquellos donde solo hubo sombras, que se corresponden a los que no estaba invitado el pueblo, en ninguna de sus versiones.



Esta anêcdota de la olimpîada ocurre en uno de esos momentos en que la historia muta...pero a nuestra generaciôn le faltaban aprendizajes que no tardaron en llegar.


Para ese entonces ya andaba con los broncodilatadores encima. Tuve que conocer el olor de la pôlvora, sentir el dolor de la bayoneta y ver la sangre de mis compañeros. La vida nos avisaba que estâbamos dejando atrâs la adolescencia y peligraba la libertad.

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