miércoles, 22 de febrero de 2012

Uhlala kuphi?...no lo sê...

¿Como lleguê hasta aquî?... recuerdo haberme preguntado esa tarde de octubre viajando en ese increîble vehîculo por el borde de la sabana africana. Ibamos rumbo a Huambo...en esa Angola atravesada por furia y violencia que solo habîa visto en planos y fotos hasta dos semanas antes...
Lo rememoro hoy, tantos años despuês, cargado de angustia por esa parte mîa que ha quedado allâ, entre tanto cariño y odio...porque Angola para mi es Africa, donde la supervivencia es una realidad contînua y viviente...o sobreviviente.
"Vuelvo en 6 meses" dije al despedirme en Luena, con ese optimismo banal tan porteño...sera porque ahî me habîa lucido.
Todavîa tenîamos que pasar por Huambo a terminar los arreglos y no sabîamos como estaba el ambiente, y sentîa los ojos de todos tirândome puñales por haber tenido que hacer ese tramo tan hostil solo para resguardar a mis cachorros. Reciên despues irîamos a Lubango. cortando clavos como decîa mi compadre, para luego salir hacia Benguela, donde nos esperaban los del corredor de salida.
"Te acompañamos por disciplina y por tu aporte a la organizaciôn del frente, pero acâ se muere mas fâcil que se vive y deberîas aprender a comportarte segûn donde estâs"...me zamparon el sermôn antes de llegar a Benguela. Reciên ahî. No me hicieron difîcil el viaje y tardê años en entenderlos.
Tuve un larguîsimo viaje desde Benguela para reflexionar sobre lo que me dijeron con la mejor intenciôn esos rostros que nunca volveria a ver, a excepciôn de uno. Fue una lecciôn de vida que nunca olvidê.
Uno de mis compadres, mas en nuestro amable lunfardo me habîa dicho "dejate de joder...no son mascotas!! y cuando crezcan te van a morfar a vos boludo..."
Yo tenîa el alivio de haber dejado a Igor, Luva, Liiva y Shuma en una reserva clandestina, luego de haberlos alimentado y cuidado 5 meses. Hablo de cachorros de leôn huêrfanos.
Contra lo que siempre pensê, tuve que volver...en verdad quise volver y me reencontrê con esos hijos postizos de quienes nunca recibî ni un arañazo.
Pero ahî sentî la enorme a cantidad de pêrdidas que iba teniendo...cuantos y tantos eran los que ya no estaban.  Casi sin poder hablar por el llanto les recite unos pârrafos de "Abono Inagotable" que Binda traducîa desde su precario castellano.
¿Como contar que Luva muriô en combate porque un lanzagranada le diô de lleno al ponerse delante mîo?.
Ni mis mas cercanos amigos creen que fue intencional...pero me quedo con mi versiôn pese a la mirada de compasiôn que me brindan...
Luva estaba siempre cerca o encima mîo...aunque a Igor le daba por las pelotas que yo me metiera con su leona... No tuvieron  mas remedio que aceptar enterrar a Luva y que yo le ponga un arbusto encima..."mejor piedras" me decîan pero ahî quedô el arbusto al menos por los quince dîas que estuvimos por allî para mudar el campamento. Todo esto no explica como lleguê hasta Angola y no voy a escribir tanto...sobre todo porque tengo que recordar a Casilda una hija que no asumî como debîa, como el padre que era. Ella y su madre, que dejaron su Siberia ancestral y quedaron en nuestro cementerio de Eizindi, con los amuletos -yo los llamo asî- que los chamanes jakasios le habîan dado para protegerlas. 
Casilda y Amanda fueron atacadas, torturadas y mutiladas con saña por un grupo de mercenarios belgas que se dedicaban a implantar el terror y tomaron por sorpresa nuestro campamento, que suponîamos bien preservado. Al regresar y encontrarnos con ese cuadro, mi convicciôn de combatiente se convirtiô en ansia asesina para con estos renegados. Volvîamos casi agotados, pero nos reorganizamos en el momento y salimos a cazarlos...si...a cazarlos porque no eran humanos.
Nunca habîa matado directamente a un hombre salvo en los encontronazos de combate hasta ese dîa que los ubicamos. Ahî, acorralados con la ayuda invalorable de Nengo y su escuadra, que se encargô de marcarme al que atacô a Casilda, usê por primera y ûnica vez la katana, que no es un arma para la selva africana. No podîa parar, hasta que Binda me mostrô su cabeza...ya lo habîa decapitado y seguîa...
El resto de ese grupo de asesinos fue ejecutado por el batallôn de Iturrieta, ese enorme comandante asistente, que era ademâs el padrino de Casilda y me acompañaba desde Siberia. No volvimos a saber de belgas por Eizindi luego que repartimos los restos por varios lugares de entrada o salida. Era un aviso fuerte de que no eran bienvenidos.
Tres tumbas en poco tiempo tuve que hacer en Eizindi, y una bajo el reproche de Binda por poner a mi hija y su madre en el mismo campo que a Luva...quise y recuerdo a mis hijos por igual, y Amanda amaba a los leones. La pesada piedra de la culpa, porque Casilda tenîa 5 años y ni supo porquê muriô, la llevo y vivirê con eso mientras respire. Amanda en cambio, conocîa los riesgos y tenîa responsabilidades de organizaciôn igual que yo.Pero esto sigue sin responder como lleguê hasta allî.. y no tengo ganas de tanto detalle...ademâs estoy dejando fuera del recuerdo a Amanda -su nombre de guerra aunque el suyo era Ksyusha - madre de Casilda, que me acompañô desde el cuartel cerca de Irkutsk...no la merecî, lo sê, pero la amê tanto como nunca amê a ninguna otra mujer. Ademâs la admiraba, pero fue un cambio muy brusco y no habîa terminado de adaptarse a la geografîa de Angola. Defendiô como pudo a nuestra hija, pero cayô antes que ella. Yace junto a Casilda, a la que cuidô mejor que yo. ¿De que sirviô la venganza? Bueno, ya me explayê en el otro blog porque no encuentro quien quiera escuchar antiguas atrocidades habiendo tantas nuevas todos los dîas, entonces me las escribo porque esto no va dirigido a nadie. Me duele que no llore mas a mi hija, que la recuerde cada vez menos...y me duele porque voy perdiendo confianza en mi integridad moral, en mi sensibilidad. Cada dîa me siento mas pequeño, desmovilizado y mezquino.Una gran parte de mi espîritu ha muerto en 1975...no solo un personaje. Por esa razôn tambiên, estos recuerdos no tratan de una lucha terrible que todo un pueblo libraba sino solo de mis latencias atendîendo tareas concretas, y viviendo en paralelo sensaciones esplêndidas y terribles, pese a que decidî crear Eizindi...un verdadero secreto de Estado, adoptado como un  ritual por toda la Divisiôn Acero, que nos permitiô no ser arrasados por el enemigo. Pero esa es otra historia...pese a que la conozco bastante, serâ tarea de otros escribirla...o tal vez nunca se escriba.
Opto por refugiarme en los recuerdos que el tiempo ha ido decantando, imaginando que Igor siempre me recuerda como cuando era cachorro y jugâbamos...si, prefiero dejarlo asî...con Casilda a la distancia, insistiendo que se llamaba Casilda Mahianova aunque mi nombre de guerra en Angola era otro, y Nikita, aquel pequeño elefante huêrfano que traje al campamento como otro hijo y que tanto cariño me diô. En perspectiva, el recordarlos a ellos me balancea de algûn modo la poca atenciôn que le daba a mi hija -mi propia hija- ya que Casilda reclamaba cariño...Nikita y los leones tomaban lo que yo les diera sin demandar atenciôn, o si lo hacîan no se daba en el mismo plano.
Cuando decidî escribir me propuse hacerlo con crudeza. De poder volver al pasado no harîa todo de la misma manera, por eso mi equilibrio emocional no me permite organizar todo como quien escribe memorias...y son memorias...tambiên son terribles traumas y los voy remontando tras grandes esfuerzos, porque duele recordar...y solo escribo cuando el dolor se hace insoportable. Pero no tengo -por propia voluntad- con quienes compartirlo.
Todo de golpe no lo resistirîa y hoy es tarde para intentarlo con quienes conocen al que naciô en 1975.
Siento que deberîa haber vuelto aunque sea como turista, pero iba a tener que explicar demasiado a quienes me rodean ya desde hace poco mas de tres dêcadas...y a quienes nunca les relatê esa parte de mi vida. Es que esa persona muriô el 28 de noviembre de 1975 en Tucumân, unos dîas despuês haber estado en Luanda, en el Estadio 1° de Mayo en el acto de la declaraciôn de la independencia de Angola, con los disparos como mûsica de fondo del discurso de Agostinho Neto. Mi nuevo yo naciô el 31 de enero de 1976, cuando supe que no me iban a ejecutar. Acâ, en la mazmorra en que me tenîan, no en Angola...
Africa atrapa...nunca imaginê que tanto.



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